Menú Cerrar

Ferrocarril

150 AÑOS DE LA LLEGADA DEL TREN A NAVARRA

EL 18 DE SEPTIEMBRE DE 1861 SE INAUGURÓ OFICIALMENTE  LA LINEA TUDELA-PAMPLONA

Esteban  Orta  Rubio

En unos momentos en que tanto se habla de la llegada del AVE  a Navarra no estará mal que recordemos que llevamos ya siglo y medio disfrutando del tren en nuestra tierra. El 18 de septiembre de 1861, en pleno reinado de Isabel II,  don Cosme Marrodán, obispo de Tarazona, bendecía la nueva estación de ferrocarril de Tudela. También bendijo ocho flamantes locomotoras dispuestas a entrar en servicio. Un acto solemnísimo al  que asistió el rey consorte, don Francisco de Asís, que declaró inaugurado oficialmente el trayecto Tudela – Pamplona.

 

Estación de ferrocarril de Tudela. Foto de época.

Sin embargo, no era la primera vez que el tren llegaba a Tudela. Meses antes, -el 29 de abril, según Juan José Martinena- se había efectuado el primer viaje de pruebas desde Pamplona.  Las crónicas hablan de gentío inmenso apostado a ambos lados de la vía,  mientras, solemne y majestuosa, envuelta en nubes de vapor, hacía su entrada “La Celestina”, la locomotora que arrastraba el convoy.  Niños y mayores quedaron asombrados con la llegada  del monstruo.

 

La Ribera, tierra de buenos caminos

La Ribera  ha estado siempre bien comunicada por encontrarse en la mejor vía natural de la península, el corredor del Ebro, al que alguien calificó como “Autopista al corazón de España”. Efectivamente, el río Ebro comunica dos mares, el Cantábrico y el Mediterráneo y sus afluentes ofrecen los caminos que conducen a la Meseta o guían a Europa. Por aquí pasó la calzada romana que unía Tarraco (Tarragona) con Legio (León) y del puerto  fluvial de Ribotas (Tudela)  partían, en la Edad Media, mercancías y viajeros hacia Zaragoza y el Mediterráneo. Siglos más tarde, el Canal Imperial sirvió de vía fácil y segura  hasta la llegada del ferrocarril.

Por ello a nadie extrañó que Tudela, sin ser capital de provincia, estuviese entre las primeras ciudades españolas en tener estación de ferrocarril. Su situación a orillas del gran río y entre dos focos industriales, País Vasco y Cataluña, así lo planteaban. Ya en fecha tan temprana como 1855, al dictarse la Ley General de Ferrocarriles, el ayuntamiento de Tudela se unió al proyecto de ferrocarril entre Bilbao y Zaragoza. Posteriormente, apareció el de Zaragoza-Pamplona.

Estación de Alsasua, enlace de Norte con el Pamplona á Zaragoza. Una de las maquinas de la época Archivo Euskotren-MVF

 

La construcción del ferrocarril

Los primeros trabajos de desmonte y nivelación comenzaron en la zona en agosto de 1858. Así lo afirmaba el corresponsal en Tudela del periódico bilbaíno Irurac-bat, cuya crónica fechada el 2 de julio de 1859, apunta la noticia de haberse expropiado 43 casas para demolerlas y dar paso a la vía férrea. El promotor fue el Marqués de Salamanca que contó con el apoyo de capital francés y que incluso estuvo por el mes de septiembre en Tudela.

La construcción de las líneas Zaragoza-Bilbao y Tudela-Pamplona  provocaron ilusiones  y también desencantos entre los pueblos, pues la posibilidad de tener cerca la vía y, sobre todo,  contar con una estación suponía -literalmente- subirse al  tren del progreso. A la larga supuso una auténtica revolución. Para Navarra fue una oportunidad clave de dar salida fácil a sus excedentes agrarios, tanto al mercado nacional como al extranjero. El gran favorecido  resultó el vino  con una gran demanda del mercado francés, afectado por la filoxera. Evidentemente no es casualidad que entre 1850 y 1880   la superficie dedicada a viña en Navarra aumentase un 30%. Los valles del Quiles y del Alhama, de gran tradición vinícola,  estaban de enhorabuena y en ese mismo tiempo casi triplicaron la producción.

 

 

 

Una crónica de la época

Conocíamos algunos detalles de lo ocurrido en Tudela  por la breve descripción que trae Mariano Sainz en sus Apuntes Tudelanos. Pero he aquí que hace apenas unas semanas encontré entre viejos papeles del Archivo Decanal una crónica de tal acontecimiento. No es muy amplia,  pero complementa la anterior y permite conocer aspectos hasta ahora ignorados.

Francisco de Asís

Por ejemplo: el rey consorte,  don Francisco de Asís, que el día anterior había inaugurado el tramo Barcelona-Zaragoza, partió de esta capital hacia Tudela a las 9,32 en un convoy en el que  viajaban también el ministro de Fomento y numerosas autoridades. Todo fue bien hasta Pedrola donde ocurrió “un pequeño descarrilamiento”. Aunque la crónica asegura que “no bulcó ningún coche”, el incidente impidió que siguiera adelante el tren. Ante esta adversidad, salió uno desde Tudela, al que hubieron de trasvasar al rey y su séquito. Nueva parada en Cortes, donde esperaban las autoridades de Navarra y el ayuntamiento de Pamplona  con su  banda municipal en traje de gala. Por fin,  llegaron a Tudela un tanto pasados de hora.

El obispo de Tarazona, subido a un altar con la imagen de la Purísima traída del convento de Madres Dominicas, bendijo la flamante estación, la nueva línea “y después las ocho locomotoras una por una.” A continuación un baño de masas desde la estación al centro de la ciudad para asistir al banquete  que la empresa constructora ofreció a tan ilustres huéspedes. El cronista, escandalizado, afirma que el coste de la comida ascendió a “cuatro o cinco mil duros”. Prosigue luego describiendo las calles engalanadas: “El M.I. Ayuntamiento colocó en la Carrera de las Monjas y en la Plaza titulada del Hospital 48 maderos pintados, con cinco banderitas nacionales cada uno y sobre el arco titulado de la Carrera las armas del Ayuntamiento adornadas con banderines. Hubo de estos 245.”    

Cosme Marrodán, obispo de Tarazona.

No se olvidó el cronista de cuantos ilustres personajes se acercaron aquel día a Tudela. Entre otros nombra a Salustiano Olózaga (1805-1873) “jefe del partido progresista”; al general Domingo Dulce (1808-1869) “Capitán General de Cataluña”,  y al influyente corellano Fermín Arteta (1796-1880), ministro en varias ocasiones y ya por entonces retirado en Corella. Termina,  “y otros personajes cuyos nombres no he podido averiguar.”

Tras la comida, el rey continuó hasta Pamplona,  de donde volvió  al día siguiente a Tudela Aún tuvo tiempo de visitar el Bocal antes de partir, al atardecer,  para Madrid. Curiosamente, no volvió por Zaragoza  en ferrocarril, sino que tomó la posta en  Cintruénigo y de allí, por Soria alcanzó la corte.

 

Día grande para Navarra

El 18 de septiembre de 1861  fue un día grande para Navarra. En adelante, el tren la unía con Madrid en un viaje increíblemente rápido. La capital de España  ya no se hallaba a varios días de distancia. Viaje, largo y muy caro, pues al costo del billete en diligencia había que añadir los gastos de comida y hospedaje. Por el contrario,  ahora, todo quedaba a poco más de 12 horas. Los viajeros lo notaron. Pregúntenle  al poeta  Gustavo Adolfo Bécquer que en su viaje al monasterio de Veruela, la primavera de 1864, invirtió el mismo tiempo en venir de Madrid a Tudela  que de Tudela al Moncayo.  Efectivamente, a la capital ribera llegó, cómodamente,  en una noche. Aquí tuvo que esperar, almorzar  y tomar luego la vetusta diligencia para Tarazona. ¡Sólo tardó tres horas en recorrer los 22 kilómetros! Nueva espera,  hasta que instalado en una mula de arrieros pudo llegar al ansiado cenobio donde escribió Cartas desde mi celda.  

 

Publicado en Diario de Navarra el 18 de septiembre de 2011

 

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »