Los Ligallos de ganaderos de Tudela
Los Ligallos de Ganaderos fueron una de las instituciones más singulares de Tudela, funcionaron como una república ganadera local, perfectamente reglada y con una estructura jerárquica, judicial.
Origen y nombre
El gremio se organizó bajo el nombre de Ligallo, término derivado del aragonés ligallo o ligallo de pastores, usado para designar las asociaciones ganaderas que gestionaban el pastoreo, las cañadas y los aprovechamientos comunales.
Tenian como sede la ermita de San Miguel de Afuera que aparece ya fundada en 1322. Aparecen en un pergamino entre los cofrades, o «coiffraydes» como Miguel Pérez Baldoyn, que vivía en 1317, D. Miguel del Bayo que en 1322 era “vicario de la iglesia de San Miguel de dentro de los muros de Tudela [para significarla de la ermita de San Miguel de Afuera] y Fr. Guisar de Borgada, que era Prior del Monasterio de Santa Cruz en 1366.

La Cofradía de San Miguel
El primer capítulo de las ordenanzas de 1754 establece que la cofradía estaba instituida “bajo la invocación titular del glorioso Arcángel San Miguel, cuya basílica se halla extramuros de esta ciudad”[1]. Aquella ermita de San Miguel era su sede espiritual y también su punto de reunión. El arcángel, asociado tradicionalmente a la justicia y la defensa del bien, fue considerado su patrón protector, mientras que la basílica actuaba como símbolo material de esa tutela.
Estructura y autoridades
El Regimiento de Tudela (el ayuntamiento) designaba cada año un Juez del Ligallo, encargado de presidir las juntas y administrar justicia en los conflictos del gremio. A su lado actuaban los apoderados, mayorales y un ministro de justicia asalariado. Todos ellos formaban un pequeño cuerpo administrativo con poder sancionador.
Las penas por infracciones —desde el robo de ganado hasta la desobediencia de los pastores— se expresaban siempre en ducados y se distribuían por cuartas partes: al Fisco Real, al Juez, al denunciante y al Gremio mismo[2]. Este sistema era típico del Antiguo Régimen, donde la justicia tenía un componente económico y compartido.
Regulación del pastoreo
Las ordenanzas tudelanas eran extraordinariamente minuciosas. Incluían normas sobre:
- Marcas y señales del ganado (para evitar fraudes o confusiones entre rebaños).
- Contratación de pastores, mayorales y zagales, con penas por “sonsacar” a los trabajadores ajenos o por abandonar el servicio sin licencia[3].
- Control sanitario del ganado, con obligación de declarar cualquier enfermedad y mantener las reses infectadas en zonas amojonadas hasta que se declarasen sanas[4].
- Prohibición de juego, convites o visitas a la ciudad sin permiso, bajo multa y cárcel, lo que refleja un fuerte componente moral y disciplinario[5].
La jerarquía era clara: los ganaderos más antiguos tenían prioridad en el uso de marcas y señales, y los zagales estaban sometidos a la autoridad de pastores y mayorales. Todo el sistema reforzaba la obediencia, la honestidad y la preservación del ganado, bienes considerados de interés común.
Ligallos y Bardenas Reales
El marco natural de la actividad del Ligallo tudelano eran las Bardenas Reales, el gran territorio comunal del sur de Navarra —unas 42.000 hectáreas—, compartido por 22 pueblos y valles congozantes[6]. Su uso se basaba en privilegios históricos concedidos desde el siglo IX, cuando los reyes navarros permitieron a los pastores del Roncal y Salazar invernar en esas tierras como recompensa por su ayuda militar contra Al-Ándalus[7].
Cada otoño, por San Miguel, descendían desde los Pirineos miles de ovejas roncalesas y salacencas siguiendo las cañadas reales. Durante siglos, Tudela actuó como uno de los centros de paso, control y gestión de esta trashumancia, que unía el norte montañoso y el sur ribero en un mismo ciclo económico y cultural.
El sistema comunal bardenero tenía un régimen jurídico singular, basado en el usus, fructus y abusus, es decir: los congozantes no eran propietarios del terreno, sino usufructuarios en común. La Junta de Bardenas —todavía existente hoy— heredó esa forma colectiva de administración[8].
Valor histórico y simbólico
El Ligallo de Tudela representó durante más de un siglo el equilibrio entre tradición ganadera y autoridad municipal. A través de él, los pastores ribereños mantuvieron vínculos con los de los valles pirenaicos y conservaron una cultura de cooperación y autogobierno que sobrevivió a la propia Mesta castellana.
Además, sus ordenanzas ofrecen una ventana a la vida rural del siglo XVIII: una sociedad regida por la honra, la obediencia, el miedo a la enfermedad del rebaño y el respeto al patrón celestial que velaba sobre todos, San Miguel.
Notas
[1] Ordenanzas del Gremio de Ganaderos de Tudela, cap. I (1762).
[2] Ibíd., cap. III.
[3] Ibíd., cap. V.
[4] Ibíd., caps. XII–XIV.
[5] Ibíd., cap. X.
[6] Orduna, P. y Mateo, M. R. Evolución etnohistórica del disfrute ganadero en las Bardenas Reales de Navarra, 2020.
[7] Archivo de la Junta del Valle de Roncal, Memorial de las Juntas del Valle del Roncal y Salazar sobre derechos y utilización de las Bardenas, 1689.
[8] Orduna, P. (2013); Lavilla, J. (2012).